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NO SE puede disciplinar ni ordenar ni dar consejos ni pedir paciencia a los j贸venes porque los j贸venes son un sobrante inacabable de energ铆a. Es a partir de los cuarenta a帽os cuando empieza a llegar la calma y tu mediocridad vital te empuja a formular pensamientos de lejos: toda persona madura es un poco fil贸sofa. Mi prejuicio contra el pensador y el cura cl谩sicos es que sus postulados herb铆voros solo se pueden seguir cuando tu cuerpo ya no aguanta lo de antes y tus 谩ngeles o monstruos f铆sicos se han agotado. Cu谩ntas veces he pensado que no se puede ser buena persona antes de los cuarenta a帽os, y la prueba soy yo misma, que me vuelvo superbondadosa en las semanas posteriores a haberme rendido o aminorado mi ego, pero una vez que pasa mi cuaresma y me regresa el animal, no hay Plat贸n ni Buda ni Jesucristo que me sujeten.