QU脡 HAR脥AMOS si no tuvi茅ramos un cerebro tan est煤pido como el que tenemos. Cuando a煤n sal铆a con Iratxe y era una escritora en ciernes y todo el mundo me le铆a y me hac铆a caso, mi cerebro me dec铆a: “Creces, gustas, pisas fuerte, te vas a comer el mundo”. Ahora que soy una escritora en bancarrota y nadie me lee y estoy censurada en todos los sitios, mi cerebro me dice: “Eres perseguida y marginada, te est谩s volviendo loca, te has quedado sola, eso significa que vas a ser una gran escritora”. Pase lo que pase, mi cerebro siempre se pone a mi favor. Solo cuando pienso contra el cerebro me doy cuenta de que lo m谩s racional en este mundo es suicidarse, pero c贸mo vas a suicidarte si tu cerebro es un lacayo y un megafan de la vida, no s茅 qu茅 motivos tendr谩 para ponerse siempre a su favor.
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QU脡 HABR脕 m谩s deshonesto que la memoria. La memoria est谩 en estrecho contacto con el ahora-mismo y gusta de manipular los recuerdos a medida que tu presente te exige que tu pasado sea otro. Es la que permiti贸 a los espa帽oles hacerse antifranquistas de-toda-la-vida cuando lleg贸 la democracia, o la que est谩 permitiendo que manadas de hombres se hayan convertido de repente en feministas desde-que-ten铆an-el-chupete, salvo aquellos poetas que como yo pusieron por escrito sus machistadas y ahora vivimos avergonzados, en continuo autoflagelo, sin memoria de Pinocho a la que recurrir.
SOBRE MI 煤ltima campa帽a para dejar de leer diarios espa帽oles con el fin de mejorar mi humor, campa帽a que he comenzado varias veces porque suelo sufrir reca铆das, me ha ayudado mucho conocer en el libro de di谩logos con Ferlosio la siguiente an茅cdota de Noam Chomsky, no s茅 si exagerada o ap贸crifa, contada por Arcadi Espada. Dice as铆. El dentista de Chomsky descubri贸 que su c茅lebre paciente ten铆a los dientes astillados. Como no sab铆a la causa, acudi贸 a su mujer y le pregunt贸 si los dientes de su marido rechinaban mientras dorm铆a. Ella dijo que no. El dentista segu铆a sin encontrar la causa, qu茅 ser谩, qu茅 ser谩, hasta que al final descubri贸 que las astilladuras proced铆an... ¡de que Chomsky apretaba demasiado los dientes cuando le铆a The New York Times!
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