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YA LA propia expresi贸n armas convencionales ilustra a qu茅 niveles de bajeza hemos llegado los seres humanos, tanto en nuestras acciones como en las palabras que utilizamos para encubrirlas. ¿O sea que esas armas con las que se espachurra a miles de personas son armas admitidas, armas que se utilizan bajo acuerdo o convenci贸n?


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EN ESTA guerra, cada vez que pienso en Putin, me acuerdo mucho de una entrevista que concedi贸 hace dos a帽os el arque贸logo Eudald Carbonell, que sosten铆a que la humanidad deber铆a prescindir de los liderazgos si quer铆a sobrevivir: 
Los liderazgos son lo peor de la humanidad. Debemos evitar los l铆deres a toda costa y debemos ser capaces de crear autoconocimiento y autoorganizaci贸n. Habitualmente los l铆deres son los m谩s imb茅ciles de todos. No sabemos por qu茅, pero la selecci贸n natural tambi茅n promociona ignorantes y gente que es incapaz para los puestos de responsabilidad que ocupan y que sirven siempre a las clases no inclusivas. Los l铆deres son gente con poca capacidad para escuchar a quien se ha de escuchar.



SI CREES que el ser humano no es una mala bestia, l茅ete un manual de historia, te dicen. Pero a m铆 la historia no me sirve para ilustrar la supuesta ra铆z biol贸gica de la belicosidad humana, porque la historia que nos cuentan en los libros escolares solo consiste en los grandes acontecimientos protagonizados por las 茅lites m谩s ambiciosas. Venid a Lauros y os ense帽ar茅 hombres sin ganas de historia. Venid a las zonas rurales del mundo y os ense帽ar茅 hombres herb铆voros.

¿QU脡 TIENE que ver el hombre de La Rochefoucauld, el hombre de Swift, el de Cioran, el de Houellebecq, con el hombre pasivo y conforme que yo conoc铆 en Lauros? Si al ser humano le pones en situaci贸n de competir, competir谩 y desarrollar谩 todos los vicios y virtudes de la competici贸n. Si en cambio le pones en situaci贸n de no competir, desarrollar谩 todas las virtudes y vicios de la pasividad.



LOS SERES humanos no quieren guerras, acuden obligados a ellas. No quieren pelearse; buscan mil motivos para librarse de los problemas. La hipocres铆a social, esto es, el cat谩logo de cobard铆as para no decirle al otro lo que pensamos realmente sobre 茅l, es el cemento con el que est谩n construidas todas las sociedades. Lo que se deduce de una guerra no es tanto la agresividad innata de sus participantes sino la aquiescencia, el car谩cter reba帽iego de la mayor铆a de la poblaci贸n, que obedece a sus l铆deres por miedo o dinero o patriotismo o ausencia de esp铆ritu cr铆tico.



DICE BERTRAND Russell en una de sus Respuestas:
Quien aguarde esperanzado el d铆a en que sea posible abolir la guerra, debe pensar seriamente en el problema de satisfacer de una manera inocua los instintos que hemos heredado de innumerables generaciones de salvajes.
Esas maneras inocuas no pueden ser otras que los deportes, el cine, la televisi贸n, los videojuegos y las artes. Por eso digo que celebro los Rimbaud en la literatura y los detesto en el gobierno.



LA REALIDAD como humor negro. En el cap铆tulo octavo de la serie documental “El mundo en guerra”, se dice que en la batalla de 脕frica entre alemanes y brit谩nicos, en la Segunda Guerra Mundial, se prohibi贸 a los soldados los concursos de matar moscas que ven铆an celebrando. ¿Raz贸n? Las moscas estaban tan gordas de alimentarse de cad谩veres humanos, y desped铆an al morir un hedor tan grande, que provocaban enfermedades de est贸mago en los soldados.



DICE FEYERABEND que desde tiempo inmemorial se libran dos guerras en la Tierra: la guerra de los humanos entre ellos y la guerra de los humanos contra el resto de seres del planeta.

La primera nos pierde y la segunda necesitamos perderla.


POR SI acaso. Porque nunca se vio c茅sar derrocado por un verso o guerra detenida por un libro, pero por si acaso. Nunca se cur贸 la enfermedad con una met谩fora ni cedi贸 el hambre con un adjetivo, nunca se detuvo un banquero ante una coma ni temi贸 un general el alfabeto fenicio, pero por si acaso (seguir茅 escribiendo. seguir茅 intentando. aunque la literatura no pueda. aunque la palabra no alcance. aunque mi voz no sirva. contra los fabricantes de muerte. por si acaso.)


YA LA propia expresi贸n armas convencionales ilustra a qu茅 niveles de bajeza hemos llegado los seres humanos, tanto en nuestras acciones como en las palabras que utilizamos para encubrirlas. ¿O sea que esas armas con las que se espachurra a miles de personas son armas admitidas, armas que se utilizan bajo acuerdo o convenci贸n?