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SIENDO EL mensaje de Jesús tan bellamente contagioso pero tan poco factible, había que encontrar una manera de asegurarlo contra la burla de los más sabios. ¿Qué son esos dislates de poner la otra mejilla, perdonar setenta veces siete y amar al prójimo como a uno mismo? Para garantizar la supervivencia de tanta belleza no hubo más remedio que convertir a un poeta en Dios, fue necesario volver sus poemas materia de fe...