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MI MANERA gilipollas de comportarme en Duolingo, donde me encuentro a menudo repitiendo los ejercicios más fáciles con el fin de sumar puntos y avanzar posiciones en las ligas, me hace pensar una vez más en los peligros de la competición. La competición es todavía peor que el dinero: la tentación de hacer trampas o de tomar atajos aumenta cuando aparecen rivales, de forma que te ves inmerso en una espiral de astucias que te perjudican, pues ya me diréis qué adelanto haciéndome trampas a la hora de aprender inglés. Es la competición parecida al que se compra una caja de fresas por el puro deseo de alimentarse, pensando en que le van a durar una semana, pero se las come todas en una sola tarde, llevado por los demonios, y esa misma noche tiene que ir muchas veces al baño, víctima una vez más de la fresa-droga de la competición.