SI EL ser humano no fuera plano, tedioso y repetitivo; si se comportara en cada momento único como un ser único; si no llamara igualmente caballo al caballo de las cinco de la tarde que al de las diez de la noche; si, en unas palabras, el ser humano fuera continua e irreversible poesía, a la inteligencia artificial le sería imposible reproducirlo. La inteligencia artificial nace de nuestra mediocridad y la supera.