EL OÍDO de mis gatos y la sensibilidad de los artistas. Que mis gatos posean un oído tres veces superior al mío a menudo no les beneficia, porque suelen tener miedo de cualquier ruidillo sin importancia que procede de los pisos colindantes a Isinbáyeva. Pienso que a los artistas les sucede lo mismo: como su sensibilidad es superior a la de una persona promedio, encuentran más dificultades para conducirse en el tablado cotidiano. Cada vez que me vienen con el tópico de que tal frida se ha ido con un "musculitos de gimnasio” o de que tal dostoyevski se ha ido “con una rubia tonta”, yo respondo: cuidado, que igual resulta que se han ido con personas sanas y sencillas. Igual resulta que trataron de salir en principio con personas ultrasensibles como ellos, de esas que sufren ante situaciones que no hacen sufrir a nadie y que te encuentran el triple de los defectos que pensabas que tenías, y al descubrir como en un espejo a un especimen tan parecido a ellos, se llevaron tal susto que dejaron de buscar por ahí para siempre.