QUÉ MARAVILLA es vivir en una casa limpia: desde que Maracaná es territorio libre de gérmenes y atascos, hasta consigo alcanzar el escritorio sin dar saltos de rana. Llevamos unos días mis gatos y yo como si nos hubiéramos mudado a Neptuno: todo se nos hace nuevo en el lugar donde vivimos desde hace más de cinco años. Pero temo por mi literatura: mi literatura que está enraizada en la suciedad, que relaciona el poder con el orden y la higiene, que gasta un cerebro que no se puede desinfectar, que pinta palabras en los cubos de basura.