QUÉ HABRÁ habrá más revelador de la calaña que es el ser humano que el terror que despertamos en los animales. Ese terror no es innato sino adquirido: cuenta Harari en Sapiens que, cuando los navegantes ingleses descubrieron algunas islas de Oceanía no habitadas por bípedos, hallaron que los animales de allí no huían ante la presencia de los seres humanos, lo que les hizo ser víctimas fáciles de nuestro gentucismo habitual. Cien años después, aquellos animales escapaban nada más avistarnos: ya habían aprendido, ya nos conocían…