SOBRE LA chulería. Cuando era pequeño la chulería más cultivada radicaba en aprender a escupir (la mirada perdida, el semblante cínico, la mueca de asco); durante la adolescencia consistía en aprender a fumar (entrecerrando los ojos, mirando al infinito, soltando el humo como una persona ya de vuelta de todo). También he visto mujeres que hacen obras maestras de la arrogancia jugueteando con su larga melena, y hasta tuve un profesor en el instituto que usaba su bolígrafo como batuta o revólver:

–A ver, dónde está mi bolígrafo –decía cada vez que lo extraviaba–, que sin él me siento desnudo.