HASTA QUÉ punto vivimos en un patriarcado lo deduzco de este detalle autobiográfico: la única frase que conocí de Simone de Beauvoir durante mucho tiempo, antes de leerla en mayor extensión, era la famosísima de "No se nace mujer: se llega a serlo", pero no fue hasta los cuarenta años cuando descubrí que también el hombre es una construcción cultural, que las exigencias de fortaleza, solidez, discreción y heroísmo que se nos imponen no proceden de la cuna. Veintidós años tardé en darme cuenta a pesar de tener la frase a la vista: otro ejemplo más de cómo la costra de la costumbre nos impide una vida auténtica.